Era una noche lluviosa, fría y triste. Aquel hombre había olvidado
que se sentía estar en realidad feliz. Ya estaba cansando de escuchar el reloj,
de despertarse en las noches buscando hadas, incluso ni sus mil grullas habían cumplido
su deseo tan anhelado… tan solo deseaba ser feliz, sonreír sin preocupaciones,
mirar al cielo al fin sin tener el miedo de perder la calma…
Las gotas de lluvia caían como piedras contra los vidrios de
su oscura habitación, su aliento junto a la ventana tan solo empañaba más y más
aquel frió vidrio. Afuera solo se escuchaba un plop plop constante, las fuertes
ráfagas de viento hacían rugir las ramas de los árboles, incluso algunas ya
estaban rotas sobre el la tierra, que ya no era más que un gran pantano. El
clima no ayudaría mucho esta noche, tan solo haría que la tristeza que el sentía
creciese y creciese.
Ya no podía ver nada hacia afuera, con su mano limpio el
vidrio; justo en ese instante un trueno ilumino el paisaje, sombrias siluetas se
levantaron, turbias figuras adornaron el paisaje. Otro y otro más, algo extraño
se acercaba mientras aquellos amenazantes relámpagos iluminaban tan tétrico lugar.
Una persona cubierta, avanzaba a paso firme, se acercaba a
grandes zancadas hacia su puerta. ¿Qué haría?, ya había olvidado como se
trataba con las demás personas, ¿le abriría?, o ¿él también le haría daño? La presión
lo mataba. Toc Toc Toc, un sonido sordo inundo todo su hogar. En el mismo ínstate
giro para ver su reloj de pared, sus miles de grullas e incluso podría haber
jurado que una pequeña hada revoloteaba por allí. La oscuridad y la soledad sumían
el lugar.
Toc Toc Toc! Esta vez el sonido fue más fuerte, un
pensamiento fugaz paso por su mente: “tal vez los demás no le hacían tanto
daño, tal vez el no deseaba que nadie entrara en su vida”… El sonido de las
gotas de lluvia, los truenos, las ramas crujiendo, y de nuevo el toc toc toc.
Temblando se levantó, camino hacia la puerta; sus manos parecían
no obedecer, sus piernas apenas lo mantenían en pie. Tomo el picaporte con su
mano, lo giro… un frió viento entro por todos lados. Al otro lado de la puerta
estaba un hombre: sonriente, mojado y tranquilo.
¡Aquel hombre era él!
Fin
Autor: Esteban!

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