vuelvo de haber deambulado por todo el continente latino americano y
debo confesar que vuelvo no por ansias de volver a ver mi pueblo y mucho menos
por ansias de volver a ver mi madurez, abandoné mi aventura porque tras haber
conocido una infinidad de bellezas que esconde nuestro continente me vi al fin
desprovisto de mi más apreciada posesión y único compañero de viajes: mis ganas
de conocer, mi curiosidad, ese impulso en los pies que me estimulaba a no permanecer
en un sitio por mucho tiempo, al fin sentí deseos de volver a pertenecer a un
lugar, y heme aquí, volviendo a la vida de pueblo, a una vida de la que no es
difícil sentirse orgulloso, una vida sencilla, voy de vuelta a mi vida de
pueblo, a el parque que fue escenario de mi niñez con su aroma a crispetas y
sus palomas, con su gente agradable y sencilla... heme aquí... volviendo a
Girardota.
Sin embargo quiero pensar que mi aventura continúa aquí
mismo, tengo mucho por conocer aún, veo mil cosas nuevas que como el resto de
América latina no pudieron escapar de mis fotografías, veo un parque nuevo al
rededor del mismo kiosco de siempre, veo una biblioteca lo mas de bonita en
donde antes había un basurero, una plaza de mercado en donde honestamente no
recuerdo que había y lo más importante un rostro desgastado pero compasivo en
donde antes estaba la joven y decepcionada cara de mi vieja.
Fin
Autor: Zebas
Pensaba que este viaje de retorno implicaba el fin de mi
aventura pero no fue así, resulto ser que ver estas vías una vez más me trajo
una emoción quizá más fuerte que conocer las hermosísimas y extensas ferrovías
que chile esconde entre sus cordilleras, ver de nuevo la catedral, me recordó
la sensación de haber conocido las ruinas del machu pichu, viendo de nuevo mi pueblo,
desenterré el asombro que tanto le faltaba a mis días, no estoy seguro de si es
una fortuna o una lástima que el punto más excitante que puedo recordar de mi
aventura sea este, el ocaso de la misma.
Fin
Autor: Zebas
No hay comentarios:
Publicar un comentario