Eran ya casi las 7:30 de la noche cuando yo retornaba a
mi casa por el mismo camino que casi todos los días transitaba, lleno de
personas apuradas por llegar a su casa, el tránsito de la calle pesado y las
luces de la misma que le ponían un tono sepia a la acera por la que andaba,
mientras iba avanzando el paso y ya cerca de llegar a mi casa, veo bajo el
puente junto a la glorieta como un señor y una señora se disponen a abrir su
negocio.
Fue algo sorprendente que rápidamente capto mi atención,
pues vivo en un edificio viejo junto a ese puente y nunca en el poco tiempo de
residente había visto aquellas personas.
Camino rápidamente hasta el portón de mi edificio y subo
al balcón de mi apartamento donde tengo una vista de gran parte de la ciudad,
pero en especial donde los veo a ellos, arreglando su puesto, nuevos, esperando
a una gran fila de clientes por llegar a degustar sus papilas gustativas con
tan apetecedora comida.
Pues bien, descuido mi vista varias veces, hago mi
oficio, saco a pasear a mis perros y muy esporádicamente veo por la ventana o
el balcón de mi casa, logrando evidenciar el poco flujo que tienen ellos de clientes
por no decir, nada. Mientras me siento en el escritorio mi madre viene y se me
acerca recordándome aquellos personajes y diciéndome es una lástima que aun no
venda nada, de inmediato me puse a pensar, cuestionándome…
¿Qué han hecho para llegar hasta aquí?, ¿tendrán una meta
o un destino o solo un camino que cruzar? Era bastante desolador ver como la
noche se iba envejeciendo y ellos aun estaban ahí, el frio fue haciendo de las
suyas y ellos aun estaban ahí, esperando.
En ocasiones nos acostumbramos a la nada, nada por pasar,
nada por hacer, simplemente nada, no mediamos palabras ni acciones, solo nos
quedamos esperando a que otros lo hagan por nosotros, pensaba yo, mientras veía
por la ventana aquella familia, quizás, que aun no conseguía nada.
Así fue como pasaron las horas hasta llegar a la media
noche, la señora con un suéter a sus espaldas, mientras el señor pasaba la
calle de un lado a otro con un balde lleno de agua, agua que le facilitaban
unos celadores que se encontraban cerca.
Aun sin un cliente en toda la noche, ellos seguían
esperando ansiosos quizás por ese primer extraordinario cliente que fuera y les
comprara, como era posible que en una calle tan congestionada aun nadie se
bajara a comprar, pero al lado opuesto de la calle donde ellos estaban, habían
restaurantes con asientos cómodos, parqueaderos y demás cosas que la gente
disfrutaba mas, sin analizar aun que había pasando la calle, sin pensar quizás
el aporte tan grande que seria para los vendedores en que una sola persona
fuera y no necesariamente económico, no, sino mas bien la muestra de que quizás
todo puede mejorar, cambiar.
¡No aguante! Quedarme en la nada, así fue, me puse lo
primero y más decente que encontré entre mi desorden de ropa tome las llaves y
bajé rápidamente las escaleras, camine unos 100 pasos aproximadamente que me
separaban de la puerta de mi edificio a donde estaban ellos, cuando llegue vi
fijamente al señor y le dije, dejemos de deambular y deme lo más suculento que
tenga.
Autor: Julian

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