jueves, 26 de septiembre de 2013

Unos vendedores deambulando---Autor: Julian


Eran ya casi las 7:30 de la noche cuando yo retornaba a mi casa por el mismo camino que casi todos los días transitaba, lleno de personas apuradas por llegar a su casa, el tránsito de la calle pesado y las luces de la misma que le ponían un tono sepia a la acera por la que andaba, mientras iba avanzando el paso y ya cerca de llegar a mi casa, veo bajo el puente junto a la glorieta como un señor y una señora se disponen a abrir su negocio.


Fue algo sorprendente que rápidamente capto mi atención, pues vivo en un edificio viejo junto a ese puente y nunca en el poco tiempo de residente había visto aquellas personas.

Camino rápidamente hasta el portón de mi edificio y subo al balcón de mi apartamento donde tengo una vista de gran parte de la ciudad, pero en especial donde los veo a ellos, arreglando su puesto, nuevos, esperando a una gran fila de clientes por llegar a degustar sus papilas gustativas con tan apetecedora comida.

Pues bien, descuido mi vista varias veces, hago mi oficio, saco a pasear a mis perros y muy esporádicamente veo por la ventana o el balcón de mi casa, logrando evidenciar el poco flujo que tienen ellos de clientes por no decir, nada. Mientras me siento en el escritorio mi madre viene y se me acerca recordándome aquellos personajes y diciéndome es una lástima que aun no venda nada, de inmediato me puse a pensar, cuestionándome…

¿Qué han hecho para llegar hasta aquí?, ¿tendrán una meta o un destino o solo un camino que cruzar? Era bastante desolador ver como la noche se iba envejeciendo y ellos aun estaban ahí, el frio fue haciendo de las suyas y ellos aun estaban ahí, esperando.

En ocasiones nos acostumbramos a la nada, nada por pasar, nada por hacer, simplemente nada, no mediamos palabras ni acciones, solo nos quedamos esperando a que otros lo hagan por nosotros, pensaba yo, mientras veía por la ventana aquella familia, quizás, que aun no conseguía nada.

Así fue como pasaron las horas hasta llegar a la media noche, la señora con un suéter a sus espaldas, mientras el señor pasaba la calle de un lado a otro con un balde lleno de agua, agua que le facilitaban unos celadores que se encontraban cerca.

Aun sin un cliente en toda la noche, ellos seguían esperando ansiosos quizás por ese primer extraordinario cliente que fuera y les comprara, como era posible que en una calle tan congestionada aun nadie se bajara a comprar, pero al lado opuesto de la calle donde ellos estaban, habían restaurantes con asientos cómodos, parqueaderos y demás cosas que la gente disfrutaba mas, sin analizar aun que había pasando la calle, sin pensar quizás el aporte tan grande que seria para los vendedores en que una sola persona fuera y no necesariamente económico, no, sino mas bien la muestra de que quizás todo puede mejorar, cambiar.

¡No aguante! Quedarme en la nada, así fue, me puse lo primero y más decente que encontré entre mi desorden de ropa tome las llaves y bajé rápidamente las escaleras, camine unos 100 pasos aproximadamente que me separaban de la puerta de mi edificio a donde estaban ellos, cuando llegue vi fijamente al señor y le dije, dejemos de deambular y deme lo más suculento que tenga.



Autor: Julian

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