“Mil por la de atrás!", grito un niño, no tendría más
de 12, pero su presencia incomodaba un poco. Esta era la 4 vez que lo veía,
eran 4 días que había esperado que yo tomara el bus para tratar de montease él;
para mi fortuna no lo había logrado hasta ese día, que el conductor gordo y
bonachón le contesto: "¡móntate rápido!, y ojo sin cosas raras".
Soy algo paranoico, debo aceptarlo. ¿Por qué me seguiría a
mi?, además era solo un niño. El bus no estaba muy lleno y había varios asientos libres. Me relaje, descargue mi morral en el asiento a mi lado y me dedique a
mirar por la ventana.
Aquel niño se acercó y dijo con su inocente y peculiar vos
"señor, disculpe, ¿me puedo sentar? O ¿esta ocupado?" Lo mire, su ropa
estaba gastada, su cabello enredado, pero sus ojos, sus ojos tenían algo. Sólo
agarré mi morral y asentí bruscamente con la cabeza, quería parecer alguien
duro.
Aquel niño se sentó y comenzó a mirar por la ventana al
igual que yo lo hacia, sin pensarlo tenía abrazado mi morral, no iba a hacerle
las cosas fáciles si me quería robar. La gente subía y bajaba, y El Niño
permanecía inmóvil, tenía una expresión entre feliz y pensativa, normalmente yo
soy de los últimos en bajar y me parecía extraño que El Niño no lo hiciese,
este barrio no solía tener gente como el caminando por las calles.
Al fin mi parada, pedí amablemente permiso y me baje. Mi
sorpresa fue doble al ver que El Niño se bajaba allí tras de mi. De un portazo,
la puerta del bus se cerró. Camine una cuadra, salude a los vecinos y
conocidos, El Niño me seguía. Metí mi mano en el bolsillo, sólo tenía 3mil
pesos. En la esquina ya estaba mi casa, no me sentía para nada seguro con ese
niño siguiéndome.
Luego de pensar, decidí entrar en la tienda de don pacho, El
Niño de seguro seguiría caminando, era toda mi imaginación. “buenas deme una
gaseosa”, como si fuera mi eco ese niño repitió luego de mi "buenas una
gaseosa". Don pacho muy amable saco ambas bebidas. Tome un sorbo, el tomo
casi todo de una bocanada. Ya era suficiente!
"¡Hey niño! ¿Por qué me sigues?" El Niño con una
mirada bastante alegre y complacida me miro, descargo sobre la barra su gaseosa... saben lo que me dijo cambió mi vida...
"Hola! Creí que jamás me hablarías. Sabes, te sigo por
que quería saber algo, hace mucho te veo desde donde vivo, eres un grande tan
extraño! Cuando bajas del bus todos los días tienes una sonrisa enorme, y
entras a ese gran edificio saludando a todo el mundo, veo que eres muy feliz
allí; pero cuando te despides de todas esas personas y montas de nuevo en el
bus tú sonrisa desaparece. Quería saber que cosa te podía hacer tan poco feliz
como para quitarte la sonrisa... Pero aun así, señor, no te entiendo. Aquí todo
es tan lindo, y la gente le saluda feliz, ¡e incluso toma esto tan rico!"
Me dejo sin palabras, yo solo podía mirar a aquel niño que
se tomaba su gaseosa a grandes sorbos. " yo soy más feliz aquí que en el trabajo".
"Si lo eres, deberías sonreír más aquí que allí, o
bueno, eso hago yo... Que raros son los grandes."
Nuestra conversación siguió, cuando nos marchamos pague las
dos gaseosas, sólo me sobraban mil y se los entregue. El me miro con una gran
sonrisa, se la respondí y le agradecí. Para mi sorpresa el con sus manos
sucias, su pelo enmarañado y su ropa gastada me abraso con mucha fuerza, le
devolví aquel sincero abraso. El camino hacia el paradero, lo último que
recuerdo fue oírlo decir " mil por la de atrás".
Fin.
Esteban!

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