martes, 3 de septiembre de 2013

La Dama de Plata

Hace mucho tiempo, mucho más del que podríamos imaginar, existió una dama de alta cuna, una mujer de hermoso cuerpo, brillantes ojos y de un cabello largo, ondulado, perfecto y plateado.  Muchas personas querían tan siquiera ver a la distancia su hermosa melena, algunos decían que con ella se podría curar todo tipo de enfermedades, otros decían que era tan suave que podrías dormir para siempre en ella, e incluso muchos otros decían que su pelo era tan bello como el rostro de los dioses.  Su belleza desconcertante y su larga cabellera le hicieron merecedora de un curioso, pero bien ganado, apodo: “La Dama de Plata”.



Un buen día, se extendió un rumor por todos los confines del mundo: La Dama de Plata, cansada ya de su soledad, deseaba compartir su vida con un hombre, pero no cualquiera, ella deseaba un hombre que le hiciese feliz en cualquier momento, que le escuchara sus pensamientos, pero que no temiera en decir los suyos; un hombre que deslumbrara como ningún otro… Un hombre que iluminara por completo su vida.

No pasaron más de dos días, cuando frente a su gran mansión una fila de hombres se extendía hasta el horizonte. Cada uno de ellos trataba de alguna manera de impresionar a tan hermosa dama. Eran pequeños, grandes, gordos, altos, flacos, esbeltos… eran de todo tipo, algunos portaban riquezas, otros tan solo llevaban su sonrisa; pero ninguno de ellos era el hombre que buscaba.

El tiempo fue pasado, y la fila cada vez era mas corta. Los miles de regalos que la Dama de Plata había recibido se acumulaban y acumulaban en su jardín, nadie la complacía. Ninguno de ellos iluminaba su rostro como ella lo deseaba.  Y así fue, hasta que un día ya la fila no existía, los hombres ya no lo intentaban, excepto alguno  que se creía con tanta suerte como para no ser rechazado.

Los años pasaban y la Dama de Plata seguía tan hermosa como siempre lo fue, su rostro perfecto no mostraba el paso de los años, su cabello ondulado era cada día más y más largo e igual de brillante como el primer día.

A punto de dar por terminada su búsqueda, a lo lejos en el valle un hombre asomó, era un joven apuesto, no muy alto ni muy bajo, ni gordo ni flaco, ni fuerte ni débil… era un hombre común y corriente, a excepción de su cabello. Su cabello era de un dorado resplandeciente, iluminaba todo lugar por donde pasase.  Él era, era el hombre indicado, por alguna razón ella lo sabia.
El hombre Dorado, desde lejos pudo ver como se asomaba una plateada mujer, y de inmediato su belleza lo hipnotizo. El tomo aire, se paro lo mas recto posible y camino decidido, el sentía lo mismo, ella era la mujer con la que podría ser feliz.

El hombre cruzo la puerta, la Dama bajo las escalas;  el hombre dio uno, dos, tres pasos;  la Dama camino delicadamente.  A cada paso la luz iba desapareciendo, el lugar iluminado por sus hermosos cabellos parecía llenarse de penumbra; otro paso mas, ya no se veía mas que la palma de la mano; otro paso, ya solo se veía la punta de la nariz; otro paso y un gran beso sello el momento, ahora todo estaba oscuro…. Su beso duro un momento, mas no se veía nada, luego al separarse lentamente, la luz recobraba lentamente.
Luego de este profundo beso, ni el uno ni el otro volvieron a acercarse, tan solo se veían desde sus ventanas, declarándose miradas de amor, sabiendo que si se tocaban la luz desaparecería tal vez para siempre esta vez.

Los años pasaron y pasaron, hasta que estos dos amantes murieron, pero sus cuerpos no se quedaron en la tierra, sus espíritus volaron por todo el cielo, hasta situarse en lo más alto. La Dama de Plata ocupo su lugar como Luna, El hombre Dorado ocupo su lugar como Sol. Ambos amantes se buscan, él en el día, ella en la noche…. Hasta que por casualidad sus caminos chocan y con un beso vuelven a robar la luz, eclipsando el mundo por un momento.


FIN

Esteban!

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